Ana mi Amor

 

 

Sus ojos verdes, su pelo rubio rizado, su sonrisa alegre, su preciosa cara, su encantadora boca, sus dulces manos, su piel cuidada, su ternura, su amabilidad, su inteligencia, su mirada, su presencia, su soltura de palabras, no hay suficientes adjetivos en el mundo para describir tal belleza y cualidades, no ya sólo su belleza física sino su belleza interior, deslumbrante en su halo de fuerza y energía.

¿Que me enamoro de ella? Pues quizás su gran sonrisa, su energía, su pasión, su inteligencia, su fuerza, sus ganas de disfrutar de la vida o una sencilla mezcla de todo ello que la convierte en un ser único y extraordinario. Caigo rendido a sus pies como las hojas caen en otoño, los copos en invierno, los pétalos en primavera y el sol en verano, lleno de esperanza como quién sueña despierto con un sueño imborrable y placentero, qué te ata, te martiriza pero te mantiene vivo, te hace sufrir pero te da fuerzas. La esperanza en cada una de sus sonrisas, de sus palabras, de sus gestos, de sus llamadas. Como dicen, la esperanza es lo último que se pierde, solo la perderé en mi último suspiro de vida, pensando el ella y solo en ella.

Quizás no sea alcanzable para mi, como no son alcanzables las estrellas del firmamento, pero eso no quiere decir que no disfrute de su luz y belleza. En su presencia, ya sea sólo o acompañado, es como estar en un mundo maravilloso donde solo existe el amor y la felicidad, no hay preocupaciones ni disgustos, tristeza ni melancolía, y mucha, muchísima esperanza de que algún día sea mía, y que sienta lo que yo siento por ella.

Controvertidos son los sentimientos humanos, hechos que muchas veces pasan desapercibidos, el amor que sientes por la persona que no te corresponde aunque te aprecia y te mima con sus cálidas palabras y miradas, el gran vacío que sientes en tu corazón cada vez que te alejas de ella, esa punzada de dolor casi incurable, mortal de necesidad, que desaparecería súbitamente y para siempre con sólo una palabra mágica del ser al que amas apasionadamente.

Puede que el destino, fatídico, haya elegido para nosotros un mundo distante del amor y el cariño, las caricias y los besos, la pasión y el sexo, y solo nos haya permitido la cercanía de la amistad y el compañerismo, suficiente quizás para ella, insuficiente totalmente para mi. Aunque el destino nunca sabes a lo que juega, ni lo que te depara, y tal vez tenga reservado para el futuro nuevas sorpresas que acerquen los latidos de nuestros corazones hasta hacerlos vibrar al unísono, como si de un solo órgano se tratara, nos conceda la pasión, el frenesí y el amor entre dos seres unidos para siempre en un lazo invisible de ternura y comprensión inagotables.

Los deseos, la esperanza, la felicidad aguardando en una caja cerrada qué puede ser abierta en cualquier momento, la sorpresa, el desenlace en una historia de amor que perdure en los ecos del tiempo como la más apasionada y extraordinaria que se ha conocido, o que nadie llegue a oír hablar de ella, solo sus dos protagonistas, enamorados locamente uno del otro y viviendo de esa felicidad el resto de sus días.